miércoles, 31 de agosto de 2011

El Origen del Natural



"Gatitos criados por científicos, aislados de la gata, fueron capaces de matar presas cuando se les proporcionaron roedores vivos por primera vez. No obstante, no todos lo consiguieron. De cada veinte probados, sólo nueve mataron y sólo tres se comieron a sus presas. En cambio, gatitos criados en un medio ambiente en que se matan roedores, donde pueden observar las muertes, aunque no vean nunca cómo se comen la presa, tuvieron un éxito mucho mayor. Dieciocho de cada veintiuno de tales gatitos probados mataron sus presas y nueve de ellos se las comieron".

El fragmento anterior de Desmond Morris nos lleva a la conclusión que en el ser humano las cosas no son tan diferentes. El Hombre que en sus primeras etapas de desarrollo mental y Físico, presenció actos de seducción y naturalidad ante las féminas, debieron haber desarrollado una mejor convivencia de tipo social y sexual en su etapa adulta.


miércoles, 24 de agosto de 2011

INCONSCIENCIA DE FEALDAD PROPIA

Descubrí que el natural tiene una inconsciencia de su "fealdad" como persona. Es decir, su seguridad y aplomo son proporcionalmente iguales a la incapacidad para aceptar o conocer su "fealdad" o "baja expectativa de vida". Más, sin embargo, el frusco conoce su "fealdad" como persona, lo que lo hace alguien congruente. A la ves que alguien infeliz e INSOPORTABLE.

"Cuando al natural le exhibes su "fealdad" se desploma peor que un frusco."

Con fealdad quiero decir, rasgos poco admirables para una mujer, tanto físicos como emocionales. El no ser consciente de esta fealdad, o creer que no la posees, te libera aplomo y seguridad. Rasgos que nuestras hembras perciben como belleza.

Este sería quizás, el comienzo de un estudio que decodifique al natural, y lo describa como alguien con "inconsciencia de Fealdad propia". El cual no justifica al frusco, pero le daría más congruencia a su razón de ser. Si eres o fuiste frusco, debes saber que al menos fuiste franco contigo mismo. No quiero decir que todo natural es falso, pero si examinamos su comportamiento, mucho de ellos es incongruente consigo mismos.

En Los Campos Abandonados De Mayan



        Mayan había abandonado la bodega de Coppel antes que yo, pero  habíamos quedado de vernos aquel domingo de Enero.  Después de esperarla un par de minutos apareció por una calle en donde no pudieran verla conmigo. Pues yo no era el padre de su hija y teníamos esa costumbre de vivir a dos manzanas de distancia. Así que compartíamos los mismos vecinos.

        Nos fuimos a caminar por la periferia del Fraccionamiento y cada veinte pasos parábamos para besarnos. Entonces nos detuvimos en los campos de soccer abandonados frente a mi casa. Ella hablaba con admiración de mi callada y bizarra manera de tratar a las personas. Lo que le dio congruencia a mis palabras cuando en tono de confesión,  dije que era un asesino serial. Rió nerviosa, como alguien que sabe distinguir entre una broma y una verdad incomoda.  me reprochaba que en el comedor de la empresa le tiraba la onda a Brenda, la chica que se fajaba con su ex novio en los pasillos de juguetería. Era cierto. Le tiraba la onda porque estaba buena y aún no tenia la fama de arrimarle el culo a media bodega.
        Sentados en las bancas de las canchas, Mayan, me quitó los lentes y me dijo que así le gustaba más. La recosté en las mesas y pasamos el resto de la tarde mordiéndonos los labios.

        Fue casi al oscurecer que le dieron ganas de exprimir los riñones e indeciso por el tiradero en mi casa, le dije que fuéramos allí. Llegamos,  no tenia que explicarle donde estaba el retrete, todas las casas del fraccionamiento tenían la misma estructura, así que la esperé en la puerta.

        Al bajar del baño no teníamos planeado ir a ningún lado, fue así que decidimos atacarnos con los labios de nuevo. Le dije que no le había pedido que fuéramos novios porque ya sabia la respuesta. Fingió soberbia y me hizo la boa constantemente cada que quería besarla. Mayan siempre fue una chica muy divertida, me mordía cuando le hablaba o veía a otras chicas; me pellizcaba cuando contradecía lo que me decía; me señalaba amenazadoramente con el dedo cuando no me sentaba en la misma mesa con ella en el comedor. Era la única mujer que sabia hacerme reír, cosa muy complicada.

        Subimos a la habitación y puso mis manos en sus senos. Su pulso era veloz. Le pasé las manos por todo su cuerpo a través de las ropas. Al poco rato estábamos semi desnudos en mi habitación. El nerviosismo había sido silenciado por un intenso deseo. A pesar de ello, apartaba mi mano en cada intento de tocar su vagina desnuda. Decidí tocarla con mi lengua y esta vez no resistió mi impulso. Sentí una extraña sensación, parecida a la que sentí la primera vez que ella me besó. Recargado afuera de los sanitarios de la bodega, le conté que el gerente me pidió no volver a exhibir muestras de cariño de nuestra parte en el comedor ni en los pasillos, porque daba una mala impresión al personal. Que idiota dije, y la besé en la mejilla, pero mostró una cara de decepción y se alejó suavemente. ¿Quieres otro beso? recalqué. Y la besé en la otra mejilla. me interrumpió y dijo: así no. Poniendo su lengua en mi boca durante un largo y exquisito periodo de tiempo.

        Ahora yo ponía mi lengua en su piel blanca y roja. La luz opaca que entraba por la ventana me enseñaba todo su cuerpo desnudo. Tomó mi cara y la apartó de su vientre para ponerla en su boca, a la ves que empezaba a penetrarla.  Comenzaba a disfrutar de sus suaves gemidos de placer y dolor cuando se detuvo fríamente y dijo: ¡Espera! no nos estamos protegiendo. No me detuve. Continué envistiendola y dije: ¿de qué?. Ella me seguía mirando fijamente como si no hubiera escuchado nada. ¿o de quién? dije interrumpiendo mi respiración agitada y mirándola intensamente. Ahora ella ambientaba el cuarto con gemidos salvajes. más fuerte decía, y esta ves le hacia caso.

        Después de vaciar mis testículos en su vagina sonó su celular. Era su mamá, ¿dónde estás? decía el mensaje.  Se levantó de la cama pero algo en ella estaba confuso, algo no estaba bien. Parecía que hacía un gran esfuerzo por no salir corriendo del lugar. Nos vestimos en silencio, estaba destrozada. No dejó que la acompañara hasta su casa. -Es que no les he hablado aún de ti a mis papás-  Dijo y se fue sola en la oscuridad.

        Durante varias semanas no contestó el celular, no quería saber nada más de mi. Poco importó que aquella tarde puse mis ojos más francos en los suyos y le dijera "te quiero Mayan".  Dejé de insistir. No volvió a hablarme. No volvió a hacerlo, hasta el día que me corrieron de la empresa por romperme la madre con el "negro" en el comedor de Coppel.


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